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Púlsares · faros de neutrones

Relojes cósmicos del tamaño de una ciudad. Un púlsar es el cadáver de una estrella masiva: una bola de neutrones de apenas 20 km que gira sobre sí misma hasta cientos de veces por segundo y lanza dos haces de radio que, al barrer el espacio como un faro, nos llegan como pulsos de una regularidad asombrosa. En SusoLabs - Cosmos juegas con el modelo del faro, conoces lo extrema que es una estrella de neutrones y descubres cómo se hallaron.

Fundamentos teóricos

¿Qué es una estrella de neutrones?

Cuando una estrella mucho más masiva que el Sol agota su combustible, su núcleo ya no aguanta su propio peso y colapsa en una fracción de segundo, mientras las capas externas estallan en una supernova. Si lo que queda en el centro tiene entre ~1,4 y ~3 masas solares, la gravedad comprime la materia hasta un extremo increíble: los electrones se hunden en los protones y todo se convierte en neutrones apretados. El colapso solo se detiene gracias a la presión de degeneración de esos neutrones, un efecto puramente cuántico. (Si la masa fuera mayor, ni eso bastaría: se formaría un agujero negro.)

El resultado es uno de los objetos más extremos del universo: más masa que el Sol comprimida en una esfera del tamaño de una ciudad, con una densidad parecida a la de un núcleo atómico. Una cucharadita de esa materia pesaría miles de millones de toneladas.

Giro vertiginoso y campo magnético brutal

Al encogerse tantísimo, la estrella hereda dos propiedades llevadas al límite, por las mismas leyes de conservación que hacen girar más deprisa a una patinadora cuando recoge los brazos:

El modelo del faro

Una estrella de neutrones emite dos haces de ondas de radio a lo largo de su eje magnético, que sale por sus polos. La clave es que ese eje magnético no coincide con el eje de rotación (igual que en la Tierra el polo norte magnético no está justo en el geográfico). Así que, al girar la estrella, los haces barren el espacio describiendo un cono, como la luz de un faro.

Si uno de esos haces, en su barrido, apunta hacia la Tierra, lo detectamos como un pulso. Y vuelve a apuntarnos una vez por vuelta: de ahí la regularidad. Por eso el nombre púlsar (pulsating star).

Nota importante a tener en cuenta. El púlsar no se enciende y se apaga: brilla de forma continua. Lo que «pulsa» es nuestra perspectiva: solo recibimos señal cuando el haz nos enfoca. Y si su cono nunca llega a apuntarnos, no lo vemos como púlsar aunque esté ahí girando.

Tipos de púlsar

El diagrama P–Ṗ: el «mapa» de los púlsares

Hay más de 3.000 púlsares catalogados. Para entenderlos en conjunto se usa el gráfico más importante de este campo: el diagrama P–Ṗ, que enfrenta el periodo de rotación (P) con lo deprisa que ese periodo se frena (Ṗ, su derivada). Es el equivalente, para los púlsares, del diagrama de Hertzsprung-Russell de las estrellas: con solo esos dos números medidos se deduce muchísimo.

El descubrimiento

En 1967, la estudiante de doctorado Jocelyn Bell Burnell detectó en Cambridge una señal de radio que se repetía cada 1,337 segundos con precisión de reloj. Era tan inexplicablemente regular que, medio en broma, la etiquetaron «LGM-1» (Little Green Men): ¿una civilización extraterrestre? Al encontrar pronto más señales iguales en otras zonas del cielo, quedó claro que era un fenómeno natural nuevo. Aquel primer púlsar, hoy PSR B1919+21, inauguró una rama entera de la astrofísica. El Nobel de Física de 1974 se concedió por este trabajo a Antony Hewish —una decisión muy discutida, por dejar fuera a la propia Bell, que fue quien halló la señal—.

Relojes cósmicos: para qué sirven

La regularidad de un púlsar de milisegundo rivaliza con la de un reloj atómico. Esa precisión los convierte en instrumentos científicos únicos:

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